
El reconocimiento del fracaso: Expertos admiten que la reforma de Bachelet frenó la economía
El tiempo terminó por dar la razón a los críticos. Voces técnicas que antes defendieron el modelo de recaudación de Michelle Bachelet hoy admiten lo evidente: la reforma se construyó sobre promesas de papel. Lo que se vendió como el motor de la equidad terminó siendo el ancla del crecimiento, dejando a Chile en una trampa económica de la que aún no logra salir.
La caída de un mito recaudatorio
Economistas como Alejandro Micco y Andrea Repetto han terminado por reconocer el error de cálculo. Se prometió una recaudación histórica que jamás llegó y, en el proceso, se instaló una narrativa que demonizó al sector privado. La idea de que subir impuestos era un camino sin costos resultó ser el mayor engaño económico de la última década.
El resultado fue un país que dejó de competir. Mientras nuestros vecinos aprovechaban ciclos de inversión, Chile se enredó en una burocracia impositiva que ahuyentó capitales y paralizó proyectos de largo aliento.
El costo real para la clase media
La izquierda insistió durante años en que aumentar la carga tributaria no afectaría el empleo ni la inversión. Hoy, los datos los contradicen. Menor crecimiento económico no es solo una cifra en un Excel; es menos empleo, salarios estancados y un Estado con menos recursos reales para financiar políticas públicas serias.
- Inversión frenada: El capital buscó destinos más estables y menos hostiles.
- Crecimiento invisible: Chile pasó de ser el “jaguar” a una economía con paso cansino.
- Costo social: Las familias y la clase media son quienes terminan pagando la cuenta de las reformas ideologizadas.
No repetir las recetas del fracaso
El legado económico de las administraciones de Bachelet y Boric debe servir como una advertencia. La prosperidad no se decreta por ley ni se financia solo con aumentos impositivos; se construye con incentivos a la inversión y estabilidad.
Chile no puede permitirse tropezar de nuevo con la misma piedra. Destruir el crecimiento es, en última instancia, destruir las oportunidades de las futuras generaciones en nombre de una redistribución que nunca llega porque no hay nada que repartir.
Para rematar…
La confesión de quienes diseñaron o defendieron estas políticas llega tarde para miles de chilenos que vieron sus oportunidades esfumarse. La lección es clara: cuando la ideología ignora las leyes de la economía, el país entero retrocede. Chile necesita volver a crecer, y eso empieza por dejar atrás las recetas que nos llevaron al estancamiento.
¿Estamos a tiempo de corregir el rumbo o seguiremos pagando el costo de las malas reformas?