
El fracaso del Frente Amplio: El Gobierno de Boric solo cumplió el 5,8% de sus metas educativas
Llegaron al poder prometiendo una revolución educativa, pero se quedaron en el eslogan. A cuatro años de iniciada su gestión, las cifras de la “Reactivación Educativa” del Gobierno de Gabriel Boric son una bofetada para miles de familias chilenas. Con un cumplimiento de apenas el 5,8% de sus metas, el Frente Amplio demuestra que una cosa es gritar en las marchas y otra muy distinta es gestionar el futuro de los niños. El diagnóstico es terminal: sobran discursos y faltan resultados.
El desplome de las promesas
El informe de seguimiento es lapidario. El plan estrella que debía rescatar a los estudiantes tras la pandemia resultó ser un castillo de naipes. De las metas ambiciosas que se trazaron en el Ministerio de Educación, solo un 5,8% se cumplieron a cabalidad. Es decir, de cada 100 promesas para mejorar el aprendizaje y la asistencia, el Gobierno de Boric dejó 94 en el aire.
Datos que duelen: La realidad del abandono
No son solo porcentajes, son vidas estancadas. Los datos relevantes de este incumplimiento exponen la magnitud del desastre:
- Asistencia por el suelo: El plan de “revincular” a los miles de estudiantes que desertaron del sistema fue un fracaso rotundo, dejando a una generación entera a la deriva.
- Presupuesto con tijeras: Mientras hablaban de fortalecer lo público, en la práctica se redujo el presupuesto real destinado a programas de emergencia educativa, priorizando la burocracia sobre el aula.
- Infraestructura en coma: Las metas de reparación de colegios quedaron estancadas, obligando a cientos de alumnos a estudiar en condiciones indignas.
La tijera ideológica
Lo más indignante es la reducción de recursos. En un movimiento que contradice todo su relato histórico, la administración Boric ajustó las cuentas en áreas sensibles de la reactivación. Al recortar el financiamiento de programas que ya estaban en marcha, el Ministerio de Educación condenó a las comunidades educativas a arreglárselas con lo mínimo, mientras los funcionarios de confianza seguían llegando a las subsecretarías.
¿Dónde quedó la convicción?
Resulta paradójico que la generación que saltó de las tomas estudiantiles a La Moneda sea la que hoy ostenta los peores índices de gestión educativa de las últimas décadas. No supieron, o no quisieron, enfrentar la crisis de aprendizaje. La bandera de lucha con la que pavimentaron su camino al poder terminó siendo un accesorio decorativo en una oficina que hoy solo entrega excusas.
Para rematar…
La educación pública no se defiende con Twitter ni con cánticos; se defiende con gestión y presupuesto. El Gobierno de Boric falló en su examen más importante, dejando una deuda educativa que pagarán los más vulnerables. Chile no olvida que quienes prometieron todo, entregaron casi nada.